"El espacio necesario para expresar nuestro pensamiento"
¿Quien es el que alivia el dolor y contiene la sangre?, quienes son los que han abandonado familias y modernidad, seguridad y tranquilidad por el simple deseo de satisfacer una necesidad extraña, fantástica, mágica y mística, acortamos el sueño y desafiamos la naturaleza, negados a la entropia y su creciente caos, alargamos la mano del conocimiento para aliviar la convulsiva fiebre y la herviente psicosis, la deshecha fibra de los viejos corazones y el turbulento ritmo del metabolismo y la energía de estos cuerpos vivos, estos nuestros semejantes.
No es un manifiesto a la demencial vanidad del artista que nos habita, ni una homilía a una santidad que no poseemos.
Hablamos de que desde un principio, cuando la historia se escribía en arcilla cocida, algunos hemos preferido mantenernos curiosos, atrevidos, desafiantes. No creo en la vida como una manera de contemplar lo perecedero. Nacemos definidos por el impulso del entendimiento, poseídos por él, y jamas el beneficio de nuestro abstracto placer es del todo para nosotros.
Los médicos, los del mundo, los que hacen rezos y evocan espíritus, los que sin entender fenómeno alguno cocinan raíces, tallos y hojas, frutos y semilla para hacer la panacea, los que iniciamos descubriendo la biología y la física de la materia orgánica, todos los que aliviamos con nuestro conocimiento el dolor de quien ignora la causa de su sufrimiento, podemos ser llamados los sacerdotes de todas las épocas, vivimos bajo el estricto código de la ciencia, dormimos en lugares incómodos mientras pasa la noche, asegurándonos de que cualquiera que disfruta su existencia no muera en el intento.
los socorremos sobrios y ebrios, amables y agresivos, fingiendo y padeciendo.
Y siempre nos queda el gusto de nuestras amistades que se elaboran en un trabajo irreal, dantesco, bíblico, fantástico y extrañamente inhumano.
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